16 febrero, 2030

La Sirena


Me llamo Sirena, no es el nombre que me pusieron al nacer, pero sí el que escogí al renacer, en este nuevo cuerpo, en este nuevo mundo repleto de oscuridad, cubierto de brumas y sangre.
Tengo una apariencia de una chica normal de 24 años, quizás un poco famélica y con rasgos propios de una anemia severa, de cuencas hundidas y marcadas por ligeras ojeras, ojos pardos en su aspecto natural (luego ya aclararé este término), cara afilada con mandíbula marcada, mofletes lustrosos y frente amplia, mis labios, jugosos y redondeados, perfectos para marcar un beso de pintalabios en el cuello de un hombre. 
Mido 1,68cm, mi complexión es delgada, aunque conservo las curvas de mujer que heredé de mi madre, líneas de poder femenino.  Mi pelo es rubio, ligeramente ondulado que cae hasta mitad de mi espalda.

Como veis, no soy una de esas chicas de las que te paras para admirar su belleza, pasaba muy desapercibida entre las multitudes, y hablo en pasado, porque una vez que renaces, todo cambia. Lo único que conservas es tu cuerpo, mantiene la imagen como si de una escultura de mármol se tratara, mas tus órganos están muertos y huecos, sigues en pie, puedes usar tus sentidos de una manera renovada, e incluso nuevos sentidos que un humano jamás imaginaría, pero no sabes cómo, y, nunca lo sabrás, solo puedes elegir creerte alguna leyenda de las que circulan.

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