Me
llamo Sirena, no es el nombre que me pusieron al nacer, pero sí el que escogí
al renacer, en este nuevo cuerpo, en este nuevo mundo repleto de oscuridad,
cubierto de brumas y sangre.
Tengo una apariencia de una chica normal de 24 años, quizás un poco famélica y
con rasgos propios de una anemia severa, de cuencas hundidas y marcadas por
ligeras ojeras, ojos pardos en su aspecto natural (luego ya aclararé este
término), cara afilada con mandíbula marcada, mofletes lustrosos y frente
amplia, mis labios, jugosos y redondeados, perfectos para marcar un beso de
pintalabios en el cuello de un hombre.
Mido 1,68cm, mi complexión es delgada,
aunque conservo las curvas de mujer que heredé de mi madre, líneas de poder
femenino. Mi pelo es rubio, ligeramente
ondulado que cae hasta mitad de mi espalda.
Como veis, no soy una de esas
chicas de las que te paras para admirar su belleza, pasaba muy desapercibida
entre las multitudes, y hablo en pasado, porque una vez que renaces, todo
cambia. Lo único que conservas es tu cuerpo, mantiene la imagen como si de una
escultura de mármol se tratara, mas tus órganos están muertos y huecos, sigues
en pie, puedes usar tus sentidos de una manera renovada, e incluso nuevos
sentidos que un humano jamás imaginaría, pero no sabes cómo, y, nunca lo
sabrás, solo puedes elegir creerte alguna leyenda de las que circulan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario