18 febrero, 2030

Introducción


Esto que les voy a relatar, no se trata de una leyenda, pues las leyendas tienen ese halo que envuelve la verdad de duda.
Tampoco es historia, aunque pasé por muchos de los momentos que hoy se relatan en libros, nunca fui partícipe de ellas, no públicamente al menos,.
Tampoco se trata de mis vivencias, pues para tener vivencias, hay que estar viva, y yo, hace tiempo que dejé de estarlo. 
Podríamos definirlo como memorias, pues otra cosa no, pero la memoria ha conocido su más perfecta expresión entre los Eternos, hijos de las sombras, malditos de Dios, depredadores de la raza humana...



16 febrero, 2030

La Sirena


Me llamo Sirena, no es el nombre que me pusieron al nacer, pero sí el que escogí al renacer, en este nuevo cuerpo, en este nuevo mundo repleto de oscuridad, cubierto de brumas y sangre.
Tengo una apariencia de una chica normal de 24 años, quizás un poco famélica y con rasgos propios de una anemia severa, de cuencas hundidas y marcadas por ligeras ojeras, ojos pardos en su aspecto natural (luego ya aclararé este término), cara afilada con mandíbula marcada, mofletes lustrosos y frente amplia, mis labios, jugosos y redondeados, perfectos para marcar un beso de pintalabios en el cuello de un hombre. 
Mido 1,68cm, mi complexión es delgada, aunque conservo las curvas de mujer que heredé de mi madre, líneas de poder femenino.  Mi pelo es rubio, ligeramente ondulado que cae hasta mitad de mi espalda.

Como veis, no soy una de esas chicas de las que te paras para admirar su belleza, pasaba muy desapercibida entre las multitudes, y hablo en pasado, porque una vez que renaces, todo cambia. Lo único que conservas es tu cuerpo, mantiene la imagen como si de una escultura de mármol se tratara, mas tus órganos están muertos y huecos, sigues en pie, puedes usar tus sentidos de una manera renovada, e incluso nuevos sentidos que un humano jamás imaginaría, pero no sabes cómo, y, nunca lo sabrás, solo puedes elegir creerte alguna leyenda de las que circulan.

14 febrero, 2030

El Amanecer


Desperté una noche, acostada dentro de una especie de caja de madera que olía a polvo y cerrado, oía una muchedumbre lejana, pero solo veía oscuridad, apoyé los brazos sobre la tabla que tenía delante, y empujé, la tabla no cedió y lo hice de nuevo  con mas fuerza, entonces se abrió hacia un lado, la claridad, aunque tenue me deslumbro levemente, me senté y me vi vestida de blanco, con un rosario sobre mi vientre y flores secas sobre mis piernas, no entendía nada.